jueves, 11 de junio de 2026

Gentilicio

 Artículo de Juan Oliván Oliván sobre los gentilicios de Valenzuela:

El uso del gentilicio oficial en la comunicación institucional. Valenzoletano/a frente a vinagorro/a

La elección del lenguaje en la administración pública no es un asunto menor ni puramente estilístico. En el caso de un ayuntamiento, cada palabra forma parte de una comunicación institucional que debe regirse por criterios de corrección, neutralidad y representación adecuada de la comunidad. Por ello, cuando exista un gentilicio oficial o normativamente reconocido, valenzoletano/a, resulta más apropiado que la institución lo emplee en lugar de una forma popular, coloquial o localmente extendida, vinagorro/a. El lenguaje administrativo no solo informa: también legitima, ordena y proyecta una determinada imagen pública.

Desde una perspectiva lingüística, los gentilicios cumplen la función de designar la pertenencia geográfica de una persona o de una colectividad. Sin embargo, no todos los gentilicios circulan con el mismo valor ni poseen el mismo grado de aceptación en los contextos formales. Algunos pertenecen al uso culto y cuentan con respaldo normativo; otros surgen del habla popular, de la tradición oral o incluso de apelativos nacidos en contextos humorísticos, afectivos o despectivos, caso de vinagorro/a. Esta diversidad no constituye un problema en la vida cotidiana, donde la lengua se adapta a distintos registros, pero sí exige prudencia en el ámbito institucional.

La administración pública no habla en nombre de una individualidad particular, sino en representación del interés general. Su discurso, por tanto, debe evitar todo aquello que pueda introducir ambigüedad, informalidad innecesaria o sesgos expresivos. El uso del gentilicio oficial responde precisamente a esa exigencia de neutralidad. Frente a una forma popular, que puede resultar simpática para una parte de la población pero extraña, confusa o inapropiada para otra, la forma oficial ofrece estabilidad, reconocimiento y valor institucional, valenzoletano. En este sentido, la elección lingüística no es solo una cuestión de corrección, sino también de respeto hacia la pluralidad de los destinatarios.

Además, conviene señalar que el empleo del gentilicio oficial refuerza la coherencia del discurso público. Un ayuntamiento que aspira a transmitir seriedad y rigor no debería adoptar en sus documentos, notas de prensa, discursos o materiales divulgativos expresiones que no correspondan al registro formal de la institución. La lengua administrativa debe ser clara, exacta y homogénea. Cuando se recurre a un gentilicio popular en contextos oficiales, se corre el riesgo de banalizar la comunicación o de trasladar una imagen excesivamente coloquial de la entidad pública.

Tampoco debe olvidarse que el lenguaje institucional tiene una dimensión simbólica. Nombrar correctamente a una comunidad implica reconocerla con precisión y dignidad. El gentilicio oficial no es una mera etiqueta; es una forma de identificación que contribuye a consolidar la memoria lingüística y administrativa del municipio. Frente a usos espontáneos o locales, la forma oficial ofrece una referencia compartida y estable, especialmente útil en documentos públicos, relaciones interadministrativas y textos de difusión general.

Por todo ello, resulta defendible sostener que un ayuntamiento debe usar el gentilicio oficial y no el popular cuando habla como institución. Valenzoletano/a frente a vinagorro. No se trata de negar la legitimidad del habla popular, que forma parte de la riqueza sociolingüística de un territorio, sino de distinguir entre los registros adecuados para la conversación cotidiana y los propios de la comunicación pública. La administración, precisamente por su función representativa, está obligada a cuidar su lenguaje con un grado de exigencia superior. En ese cuidado reside también una forma de respeto hacia la ciudadanía.

Juan Oliván Oliván

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